En Construcción

Oratorio de Sn. Felipe Neri

En Construcción

Congregación del Oratorio en América Latina

 

CONGREGACIONES DEL ORATORIO EN AMÉRICA LATINA

 

P. Luis Martín Cano Arenas C.O.
Oratorio de México, La Profesa.  

IMPRIMASE

 El siglo XVI fue el siglo de la evangelización y la edificación. Siglo arquitecto y albañil: conventos, iglesias, hospitales, ciudades. El arte y la ciencia de construir ciudades son políticos. Una civilización es ante todo un urbanismo; quiero decir, más que una visión del mundo y de los hombres, una civilización es una visión de los hombres en el mundo y de los hombres como mundo: un orden, una arquitectura social. Los siglos XVII y XVIII continúan la obra constructora. Plazas, iglesias, ayuntamientos, acueductos, hospitales, conventos, palacios, colegios: las ciudades de Nueva España son la imagen de un orden que abarcó a la sociedad entera, al mundo y al trasmundo. Incluso hoy, desfiguradas y afrentadas por la chabacanería de nuestra plutocracia, la megalomanía de nuestros políticos y la chatura de nuestros tecnócratas, las ciudades mexicanas nos devuelven la fe en el genio de nuestra gente. En el siglo XVII el territorio se extiende, la paz es interrumpida sólo de vez en cuando por las sublevaciones de los nómadas y las incursiones de los piratas, las ciudades crecen y aparecen en ellas, hermanas gemelas, el lujo y la cultura. Una sociedad rica y sensual pero devota y supersticiosa, una sociedad obediente al poder real y sumisa a los mandatos de la Iglesia pero sacudida por extraños delirios a un tiempo fúnebres y lujurioso.[1]

congregaciones del oratorio

Elementa

 A mediados del siglo XVII fue cuando se fundaron los dos primeros Oratorios en forma de pías uniones de sacerdotes del clero secular, con aprobación de la autoridad eclesiástica local, mientras se gestionaba en la corte de Madrid la licencia real, y se obtenía la bula pontificia en la corte romana, al mismo tiempo que se fabricaban iglesias y casas anexas.

Así en la ciudad de Puebla de los Angeles en ausencia del venerable obispo D. Juan de Palafox y Mendoza, se funda el 9 de agosto de 1651 la “Concordia de Caridad Eclesiástica” por los Gobernadores de la Mitra D. Antonio de Peralta Castañeda y D. Nicolás de Gómez Briseño, para reunir a los clérigos de la sede episcopal en la práctica de la oración y obras de misericordia como visita de cárceles y hospitales, pero en especial proveer de cristiana y decorosa sepultura a los sacerdotes pobres de la Iglesia Angelopolitana. La Bula de Erección Ex quo Divina Majestas, se debió al Papa Clemente X, con fecha del 28 de abril de 1671, veinte años después de la fundación, y obtenido el Pase del Real Consejo de Indias, el 14 de noviembre del mismo año.

De manera distinta se dieron los primeros pasos para establecer la Congregación del Oratorio en la capital del Virreinato. El joven y virtuoso sacerdote D. Antonio Calderón Benavides habiendo enfermado gravemente, ofreció a San Felipe Neri establecer una congregación semejante a la que él había fundado en Roma, si es que llegaba a recuperar la salud. Aliviado de sus padecimientos se dedicó a cumplir la promesa reuniendo un grupo de fervorosos clérigos seculares en la iglesia conventual de San Bernardo que luego resultó insuficiente, teniendo que llevar a cabo la primera elección de cargos el 8 de mayo de 1659, en la capilla de la Soledad de la iglesia de Balvanera, quedando así establecida la “Sagrada Unión de los Clérigos Presbíteros del Oratorio de Nuestro Glorioso Padre San Felipe Neri, Fundador de los de Roma”, concediendo luego su aprobación el Arzobispo de México D. Mateo Sagade Bugueiro quien además se inscribió como miembro de ella el 11 de mayo del mismo año de 59. La Bula de erección por la que la Venerable Unión quedaba confirmada en Oratorio filipense se debió al Papa Inocencio XII, quien la expidió en Roma el 24 de diciembre de 1697; pero por causa de no haberse obtenido oportunamente la aprobación real de la Unión, esta bula “Ex quo divina majestas” fue detenida cuatro años por el Real y Supremo Consejo de Indias, habiendo sido publicado solemnemente el 12 de febrero de 1702, en la primitiva iglesia de San Felipe Neri de la ciudad de México.

El comienzo del Oratorio de Antequera (Oaxaca), parece ser idéntico a los de Puebla y México, esto es, siendo primero una confraternidad de sacerdotes seculares que se llamó también Concordia como Puebla, para convertirse después en congregación oratoriana.

Débese su fundación al Sr. Obispo de Oaxaca D. Alonso de Cuevas y Dávalos quien solicita en 1660, a la Concordia de Puebla sacerdotes que fueran a establecerla en su ciudad episcopal. Más efectivos fueron los intentos del Sr. D. Isidro Sariñana y Cuenca obispo de la misma diócesis al instituir (1684), en la iglesia de la Congregación de Oaxaca ante un altar de San Felipe Neri aquellos piadosos ejercicios que se practicaban en la Ven. Unión de México y a los que “solía asistir cuando sus muchas ocupaciones se lo permitían. .. y con el fin de radicar en Oaxaca, si no el Instituto de una Congregación del Oratorio a la manera que nuestro Santo Padre la fundó en Roma, por no ser aún conocido en estos países; pero sí a la manera que se hallaba entonces la Ven. Unión en nuestro México, de quien siempre tuvo a gloria ser del número de sus alumnos...”, según el P. Gutiérrez Dávila lo dice.

La Concordia continuó así por muchos años tanto que en tiempo del Sr. Obispo Fr. Angel Maldonado que gobernó la sede oaxaqueña de 1702 a 1728, en cierta ocasión que visitó personalmente a los padres del Oratorio de México les solicitaba sacerdotes para que formalizasen la fundación del Oratorio de Oaxaca, el cual llegó a gozar de la Bula de erección hasta el 29 de noviembre de 1732 fecha en que la expidió el Papa Clemente XII, quedando definitivamente establecido hasta 1750, siendo el primer Prepósito el P. Guillermo Ignacio de Mier.

Aunque es verdad que desconocemos cuando fue iniciado como Concordia el Oratorio de Guadalajara, bien podemos suponerlo en el último tercio del siglo XVII, pues alcanzó su aprobación como Oratorio por Bula del señor Clemente XI, el 5 de abril de 1702. “El fundador y primer Prepósito, -dice el Cango. Vicente de P. Andrade- fue el P. Cristóbal Mazariegos, cuya oración fúnebre predicó el 13 de diciembre de 1758, el Prebendado de esta Catedral, Dr. D. Pedro Camarena y Hernández, que publicó, según Beristáin, en 1760; consta de 36 páginas”.

Cuatro fueron los Oratorios fundados en el transcurso del siglo XVIII, en la Nueva España. El primero de ellos fue el de San Miguel el Grande, (Gto.), iniciado por el P.D. Juan Antonio Pérez de Espinosa con licencia del obispo de Michoacán Dr. D. Felipe Ignacio Trujillo y Guerrero, firmada el 21 de abril de 1712. “Inmediatamente, dice el Dr. Francisco de la Maza, se dedicaron los padres fundadores a enseñar a los niños, tanto españoles y criollos como indígenas, las primeras letras y doctrina cristiana gratuitamente. . . También se enseñaba latín y “artes y estudios mayores con general aprovechamiento... por lo que en ese mismo año (1718) pedía el padre Espinosa que se concediese fundar colegio en forma con la revalidación necesaria en la Universidad Real y Pontificia, donde se enseñase “Gramática, Retórica, Filosofía, Teología Escolástica y Moral, con calidad de que los que allí estudiasen hubiesen de gozar del privilegio de poderse graduar en la expresada Universidad”. El rey de España confirmó los deseos de los padres felipenses y les dio prueba de su buena voluntad por la difusión de la cultura en su cédula de 18 de diciembre de 1734 en la que permitía el pase del breve del Papa (Benedicto XIII) de 1727 que accedía a la erección del Oratorio. . .”

A la mitad del siglo XVIII se llega a establecer la casa de Querétaro en cuya erección canónica interviene providencialmente el Dr. D. Juan José de Eguiara y Eguren amigo y miembro del Oratorio externo de México, a quien habiéndole llegado a sus manos la Bula del señor Clemente XIII del 16 de mayo de 1760, por la que se aprobaba el Oratorio de la ciudad de Santiago de Querétaro, se sirve de los oficios del Br. D. José Ignacio Cabrera, capellán del convento de Capuchinas de la misma población, para que acudiendo a los Padres del Oratorio de San Miguel vinieran como de hecho vino el P. Marcos de Ortega a efectuar la fundación que había quedado en suspenso por la muerte del P. Martín de San Cayetano Jorganes en ese mismo año de 60, que lo había iniciado desde 1753.

En la misma década de los sesentas siendo el año de gracia del Señor de 1767, es incoado el Oratorio en la ciudad de Orizaba una de las antiguas Alcaldías que integraban la Intendencia de Veracruz, con licencia del Obispo de Puebla D. Francisco Fabián y Fuero a cuya jurisdicción eclesiástica entonces pertenecía Orizaba. Siete sacerdotes del clero secular entre los que se encontraban los PP. Benito García Gambino y José Ancermo se reúnen para dar principio a la observancia de las reglas de la congregación del Oratorio en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe con el título de Concordia a semejanza de Puebla. La fecha de la inauguración fue el 12 de diciembre de 1776, por la real cédula de Carlos III y la Bula de Clemente XIV.

La última de las fundaciones en el siglo XVIII, es la casa del Oratorio de la ciudad de Santa Fe de Guanajuato, por el sacerdote del clero secular D. Nicolás Pérez de Arquitegui a fines de 73, llevándose a cabo las gestiones conducentes para obtener la aprobación de las supremas autoridades civiles y eclesiásticas, con tan buen éxito que para diciembre de 76 el rey Carlos III por medio de una cédula autoriza la fundación, y para el año siguiente en agosto el señor Pío VI expide en Roma la Bula de erección. Exito que queda frustrado de momento, por la franca oposición de parte del ordinario de lugar el Obispo de Michoacán D. Juan Ignacio de la Rocha, y por las objeciones propuestas por los párrocos de Guanajuato.

Una vez que acaban las dificultades por intervención decidida del gobierno virreinal, queda legítima y canónicamente erigido el Oratorio el 16 de mayo de 1794, dando posesión al P. José Gudiño y compañeros el templo y casa que habían pertenecido a la Compañía de Jesús, pues el padre fundador Pérez de Arquitegui había fallecido anteriormente.

Con la Casa de Guanajuato damos por concluidas las breves noticias sobre la fundación de los Oratorios en la Nueva España durante los siglos XVII y XVIII, ya que en el siguiente después de la Independencia uno solo el de León, Gto., fue el que se estableció en 1834 con autorización del IImo. Sr. Portugal, habiendo quedado erigido por Breve de Gregorio XVI, expedido por este pontífice en 1841, siendo el primer prepósito y fundador el P. Manuel Somera.


CUADRO CRONOLOGICO DE LAS CASAS DEL
ORATORIO DE SAN FELIPE NERI DE LA
FEDERACION MEXICANA

 

Ciudad

Fundación

Aprobación

Pontífice

Puebla de los Angeles

1651/52

1671

Clemente X

Ciudad de México

1659

1697

Inocencio XII

* Oaxaca

1661

1732

Clemente XII

* Guadalajara

1679

1702

Clemente XI

San Miguel de Allende

1712

1727

Benedicto XIII

** Querétaro

1753

1760

Clemente XIII

Orizaba

1767

1776

Pío VI

 

dispersión

1860

 

 

restauración

1960-1974

Paulo VI

Guanajuato

1775

1794

Pío VI

León

1838

1841

Gregorio XVI

Tlalnepantla

1962

1966

Paulo VI

San Pablo Tepetlapa, México

1973

1974

Paulo VI

Pharr, Texas, E.U.

1966

1966

Paulo VI

 

dispersión

1969

 

 

restauración

1977

 

                  

*  Extinguidas en el siglo XIX

** Extinguida a principios del Siglo XX.

Los Oratorios filipenses establecidos en el lapso de casi doscientos años (1651-1841), cuatro en el siglo XVII, Puebla, México, Oaxaca y Guadalajara; cuatro en el XVIII, San Miguel el Grande, Querétaro, Orizaba y Guanajuato, (Gto.); y uno en el XIX, el de León, Gto., cuyas fundaciones ningún nexo tuvieron entre sí; que permanecieron siempre autónomos aunque manteniendo comunicación en caso de problemas con el ordinario del lugar o defunciones, etc. que trataron de promover la perfección sacerdotal del clero diocesano por medio de Concordias o Uniones (cofradías sacerdotales), y el provecho espiritual de los fieles con la asidua dedicación al Púlpito y Confesionario; también hicieron uso de los Ejercicios de San Ignacio de Loyola con cuyo método se esforzaron los Oratorios de México, Puebla, Orizaba y San Miguel el Grande, en fomentar la reforma de costumbres impartiendo medios sólidos de formación cristiana contra la superficialidad pietista entonces reinante, por medio de las casas de ejercicios espirituales de encierro, donde los ejercitantes disfrutando del mínimo de comodidades pudieran encerrarse a orar y meditar, escuchar la palabra de Dios y reflexionar sobre las verdades eternas para organizar sus vidas; todo esto lo desempeñaron sin haberse puesto previamente de común acuerdo, sino conforme lo requirieron las exigencias pastorales del lugar y tiempo en que se encontraba ubicado el Oratorio, y siempre adecuando dichos ejercicios a la espiritualidad propia de su fundador San Felipe Neri.[2]

Actualmente, después del Concilio Vaticano II, se ha vivido en las Congregaciones del Oratorio en América Latina una incorporación a la pastoral de la vida diocesana, a través de la recepción de capellanías y parroquias, dejando el modelo de los siglos XVII a XIX, de atender un sólo templo: El Oratorio, y la consolidación espiritual que los laicos recibían en las Casas de Ejercicios, junto con prácticas de piedad que llenaban los espacios que la Liturgia actual enriquece de múltiples modos con participación de los laicos.

Esta actividad pastoral, abarca desde la construcción material de los templos, como es el caso del Oratorio de la Ciudad de México con una Parroquia y una Capellanía desde 1960; el Oratorio de San Pablo, Tepetlapa, al sur de la ciudad de México, que se hizo Casa Autónoma en 1973 y que inició la construcción de 5 templos desde 1960; en León, Guanajuato; Puebla; Orizaba y Tlalnepantla. Aunada a esta actividad material, está la formación de grupos o sostenimiento de agrupaciones establecidas con antigüedad y continuadas por la tradición de la religiosidad local.

Existen experiencias pastorales novedosas, como es el caso del Oratorio de Orizaba, Veracruz, con el Neo-catecumenado, compuesto por 600 personas organizadas en 12 comunidades.

Otros Oratorios han servido y lo hacen actualmente en centros educativos con experiencias propias de Colegio de la Congregación, como Orizaba y Puebla en este siglo, o San Miguel de Allende, Guanajuato, recogiendo una venerable tradición que se remonta al siglo XVIII con el Real Colegio de San Francisco de Sales, cuyo prestigio trascendió en la figura del Filósofo Moderno Juan Benito Díaz de Gamarra ( † 1783), creador del primer texto de Filosofía Moderna en América Española.

Sabemos que en 1773, el extinto Oratorio de Guadalajara decidió “erigir colegio y abrir en él las cátedras de estudios mayores y menores” para que el rey les concediera licencia formaron un largo expediente con las opiniones de siete personas “de carácter y conocida literatura”... ( ) Como era de esperarse, todos estuvieron de acuerdo en que los felipenses (sic) eran los indicados para dirigir los estudios y las cátedras que se deseaban fundar. Eran sujetos de “conocida y notoria literatura y ejemplar virtud” “muy dedicados al bien público, con sumo desinterés, y ofrecían hacerse cargo “de los estudios gratis y sin estipendio alguno’. .. “sin otro objeto que mueva sus nobles y religiosos ánimos que el público bien de este vasto reino de Nueva Galicia e ilustre ciudad de Guadalajara” (Castañeda, C. La Educación en Guadalajara durante la Colonia, 1552-1821. El Colegio de México, Guadalajara, 1984, pp. 151-152).

Actualmente algunos Oratorios asisten espiritualmente a colegios en la República Mexicana. En la Congregación del Oratorio de Pharr, Texas, en los Estados Unidos de América, unida a la Federación Mexicana, los laicos del Oratorio atienden la Academia Oratoriana, escuela a nivel kinder y primaria, única escuela católica a este nivel en la región, respondiendo además a la idiosincrasia bicultural (México-Americana) de la zona, en un territorio fronterizo con México, y cuenta con un reconocimiento de calidad ante las autoridades educativas de su país, por su programa bicultural y no sólo bilingüe.

En Pasto, Colombia, la Congregación atiende actualmente el Colegio San Felipe Neri y las Escuelas Populares San Felipe Neri, así como clases a religiosas en el Instituto Mater Dei.

También la Pastoral Penitenciaria ha sido campo de trabajo por miembros laicos y sacerdotes del Oratorio en la ciudad de Guanajuato; en León, Estado de Guanajuato y en la Parroquia de la colonia Jardín Balbuena del Oratorio de México.

Entre las Congregaciones de la Federación de México, un fuerte entusiasmo por promover el Oratorio entre los laicos - buscando ser fieles al espíritu de Nuestro Padre San Felipe ha surgido a partir de la década de los ochentas, hasta llevar a cabo Encuentros Nacionales de Oratorios cada año con sede en las Congregaciones.

 

viii encuentro

 

Esta revaloración del Oratorio Laico en la Federación Mexicana, nace de la comunicación de dicha experiencia en la Congregación de Pharr, Texas en donde el Oratorio quedó establecido desde 1975. El estudio de textos del Cardenal Newman accesibles a nuestra lengua por medio de la publicación LAUS, del Oratorio de Albacete, España, también ha contribuido al establecimiento de Oratorios en algunas Casas, si bien no ha sido homogéneo el movimiento, los intentos demuestran el interés especialmente de los laicos asiduos a nuestras parroquias.

En el IV Encuentro Nacional Oratoriano el 28 de febrero de 1987 en la ciudad de Puebla, los representantes laicos de los Oratorios de Pharr, León, Puebla, San Miguel de Allende, San Pablo Tepetlapa y la ciudad de México, elaboraron y aprobaron unos Estatutos con vistas a ser reconocidos por cada una de las Congregaciones. El último Encuentro fue el número XI en la Ciudad de Guanajuato en julio de 1992.

Históricamente, Latinoamérica se divide para las Congregaciones del Oratorio de San Felipe Neri en la época colonial hasta los movimientos de Independencia en el siglo XIX, y para México en el siglo pasado la consolidación del México Independiente con las luchas entre conservadores y liberales y las Leyes de Reforma, marcaron la vida de las Congregaciones. En el siglo XX La Cristiada o conflicto entre el estado y la iglesia, precedidos por la Revolución Mexicana de 1910, giran los acontecimientos.

Las Congregaciones fundadas entre los siglos XVII y XVIII, tienen en común ser nacidas de sacerdotes diocesanos, unidos en Concordias o Pías Uniones al servicio de la caridad, para asistir a sacerdotes enfermos y moribundos, buscando más el ideal sacerdotal en la figura de San Felipe Neri canonizado en 1622, que el Oratorio Secular.

Los miembros son oriundos de la ciudad sede, con formación intelectual y de familias establecidas económica y socialmente, con un prestigio clerical. La fundación de las Congregaciones en estos siglos se da en centros culturales, económicos, políticos y religiosos, es decir estrictamente urbanos.

Con la expulsión de los Jesuitas en 1767, ordenada por el rey Carlos III, las Congregaciones del Oratorio de la ciudad de México y Guanajuato toman un giro peculiar al ocupar las residencias de la Compañía de Jesús. En la Congregación de México, afectada la iglesia por sucesivos terremotos, obtienen del Real Gobierno la venta de la Casa Profesa de los jesuitas del Cuarto Voto en la capital de la Nueva España, una vez habitada la enriquecen con una espiritualidad típicamente filipense, subrayando las fiestas litúrgicas con esmero y decorando el templo con un nuevo estilo hacia 1805, a cargo del arquitecto valenciano Manuel Tolsá, inspirador del neoclásico en la Nueva España.

la profesa

 

 Así desde 1771 los padres del Oratorio de México residieron en La Profesa -ubicada en el hoy Centro Histórico- nombre popular entre los habitantes de la capital hasta la fecha, de ahí que el nombre oficial de la Congregación sea: Congregación del Oratorio de México, La Profesa.

“Inmediata consecuencia de la expulsión de los jesuitas de Guanajuato, fue la clausura del Colegio de la Purísima a su cargo.

Dieciocho años permaneció cerrado el benemérito establecimiento, y no fue sino hasta 1776 que Carlos III dictó Real Cédula en el sentido de que tanto el Templo de la Compañía de Jesús como el Colegio de la Purísima pasaron a manos de los Padres del Oratorio de San Felipe Neri, que todavía en nuestros días se encuentran a cargo del Templo de la Compañía (González-Leal, M., La Galería de Fundadores y Prepósitos Felipenses en el Templo de La Compañía. Noticias y Documentos Históricos 10, 1982). Así la incipiente Congregación, de acuerdo a la Real Cédula se dedicó al cultivo de la gramática y filosofía, anexo al templo, hoy se puede ver el movimiento de los universitarios en lo que fuera el Colegio de la Purísima y después el Colegio del Estado.

Los padres también embellecieron el templo con una majestuosa cúpula que señala el gusto de los oratorianos y quedó como signo de identidad del lugar.

Los movimientos de Independencia en el siglo XIX, afectaron la vida de los oratorianos, pues encontramos representantes en pro y en contra, sin embargo, queda registrado en la historia el hecho de la Consumación de la Independencia en 1821, fraguada con un plan llevado a cabo en la Casa Profesa de los Padres del Oratorio de México, en 1821, bajo la anuencia del P. Prepósito Matías Monteagudo y encabezado por el General Agustín de Iturbide.

En ese mismo año, en el Oratorio de Puebla, siendo Prepósito el P. Joaquín Furlong, se imprimió en la imprenta particular de los filipenses el Plan de Iguala con el que se consumaba la Independencia de México.

La influencia de los oratorianos en el terreno de la espiritualidad tuvo varias vetas que van desde las Casas de Ejercicios hasta personalidades profundamente espirituales como el P. Luis Felipe Neri de Alfaro del Oratorio de San Miguel Allende, en el siglo XVIII, promotor de las Escuelas de Cristo.

De este mismo tronco espiritual es el P. Vicente de Jesús Sedeño (1854-1932) del Oratorio de Puebla, quien muere en medio de la fama de santidad, y unido a la fundación que iniciara el P. Félix de Jesús Rougier, fundador de los Misioneros del Espíritu Santo.

Desde las fundaciones de los Oratorios, los miembros llegaban a formar parte de las Congregaciones con una formación sacerdotal en los seminarios diocesanos. Pero en el siglo XX, especialmente después del conflicto religioso de los años veintes, se inicia la búsqueda de caminos en esta línea, así el antiguo Real Colegio de San Francisco de Sales, en San Miguel de Allende, Guanajuato, alberga a los estudiantes de latín, filosofía y teología durante los años cuarentas y cincuentas, hecho que permitió salvar Casas en peligro de extinción y conocimiento de los miembros de distintos Oratorios. En la década siguiente el Oratorio de Puebla también fortaleció los caminos de la formación con un seminario.

El centralismo económico, político, cultural y religioso de la ciudad de México facilitaba el acceso a centros filosóficos y teológicos y así se abrió un seminario en la colonia Prado-Vallejo dependiente de la Casa de México, La Profesa. Esta iniciativa de formación interoratoriana sigue vigente con una Casa para estudiantes de los distintos Oratorios y sostenida por la Federación Mexicana, casa cercana a las instalaciones de la Universidad Pontificia.

El noviciado sigue siendo una especial formación de cada comunidad, iniciado con la Toma de Hábito -antigua costumbre en la Federación-. También se han llegado a realizar algunas convivencias entre estudiantes y novicios.

La Federación Mexicana actualmente está constituida por las Congregaciones de: Puebla (7 miembros); México (10); San Miguel de Allende (11); Guanajuato (4); León (11); Orizaba (6); Tlalnepantla (3); San Pablo Tepetlapa (6) y Pharr (2). El Procurador Nacional es el P. Leo Daniels, de Pharr y se reúne cada dos meses en las distintas sedes. Se tiene a nivel de Federación una peregrinación anual en el mes de diciembre a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, participando en una concelebración eucarística y se termina con una convivencia de laicos y sacerdotes, rotando la organización por orden de antigüedad.

La Congregación de Costa Rica en Centroamérica está incorporada a la Federación, pero las distancias y los medios de comunicación limitados no permiten un acercamiento más asiduo.

Las Congregaciones del Oratorio de la Federación Mexicana, comparten herencias históricas y artísticas desde el siglo XVII—las más antiguas- y los desafíos de la nueva Evangelización, todas las Casas.

 

discurso...

El devoto amante

 

En el libro de Meriol Trevor sobre San Felipe Neri, en español, editado en 1986 se da una lista de las Congregaciones en el mundo (págs. 229-230), en lo que se refiere a América Latina se menciona:

San José, Costa Rica

1963

Pasto, Colombia

1834

Ipiales, Colombia

1895

Bogotá, Colombia

1952

Villa Alemana, Chile

1966

 

Para el presente trabajo recibimos información muy limitada por el tiempo y los medios de comunicación.

La Congregación del Oratorio de San Juan de Pasto, Neriño, Colombia, fue fundada el 30 de noviembre de 1830 por Francisco de la Villota y Barrera, la aprobación pontificia se dio el 2 de diciembre de 1834 por el Papa Gregorio XVI.

Actualmente está constituida por diez miembros, atendiendo la Parroquia de San Felipe Neri, las Escuelas Populares San Felipe Neri, Casa de Ejercicios de Jesús del Río, Capellanías de las Hermanas Filipenses, Concepcionistas, Franciscanas y Jardines de Cristo Rey, además de trabajo con jóvenes, enfermos, y matrimonios a nivel diocesano.

Esta Congregación es sede del Noviciado de la Federación de Colombia, con ocho novicios.

La historia del Oratorio está enriquecida con personalidades sacerdotales del siglo pasado entre otros el fundador el P. de la Villota, Ramón María Jurado, el historiador Arístides Gutiérrez, el poeta Alejandro Ortiz y Juan Bautista Bucheli, arquitecto.

[1] Paz, O., “Sor Juana Inés de la Cruz o Las Trampas de la Fe”
Fondo de Cultura Económica, 1992, pp. 52-53.

[2] Avila, Blancas L. “Las Casas de Ejercicios Espirituales de Encierro de los Oratorios  
de San Felipe Neri de México, siglos XVIII, XIX y XX” en: Segundo Encuentro  
Nacional de Historia Oratoriana, Ed. Noticias y Documentos Históricos, México
1986, pp.15-20.