Si
lo logro, que bueno, para los que tengan la paciencia de oírlas o leerlas, y
que bueno para el efecto de explicarme y darme a entender para bien comprender
de todos, y es que un espíritu renovador vuela por toda la Iglesia, incluido el
oratorio y sus congregantes. Estos olores del espíritu renovador los hemos
olido en las reuniones, en los ejercicios y cursos y porque es cierto que el
olfato es el más espiritual de los sentidos, y también nos puede asaltar la
duda legítima de que la posibilidad de renovarnos, aún cuando tengamos la
ganancia de que "la mejor situación
del alma es precisamente la duda" (J.H. Newman)
Nuestra
renovación tiene que enraizar en la fe, el amor y la esperanza que se anidan en
el corazón y los sentimientos, en nuestro interior de apertura e intenciones,
pues sólo creyendo, amando y esperando en Él, seremos competentes para seguir
creyendo, amando y esperando entre nosotros mismos, llamados a producir los
frutos buenos de árboles buenos que han sido plantados en el oratorio y
congregación, y no por mera necesidad y obligación sino porque se nos infunde
un nuevo espíritu renovador en nuestro corazón, y es que ya nos cansamos de
pertenecer al montón de gente, y ya queremos ver más allá de nuestra nariz
para ya no continuar atragantándonos en cientos de contradicciones, paradojas y
problemas, sin darnos cuenta y sin solucionarlos.
1.
RE-FUNDARNOS RE-NOVARNOS
Ya
el Vaticano II nos inicio en una adecuada adaptación y renovación de vida
consagrada (PC 2) para continuar "buscando para encontrar y seguir
encontrando como si debiéramos de buscar" (S. Agustín), todo, y siempre
bajo el impulso del espíritu.
Re-fundar
el carisma de Evangelio, oración y cultura en el horizonte y proyección del
seguimiento e imitación de Cristo.
Re-fundar
y actualizar el núcleo esencial del fundador y la riqueza de herencia
espiritual de aquellos que han sido oratorio y congregación en el pasado, y no
para torturamos o azotarnos con memoria torturante y obsesiva, sino con recuerdo
grato, edificante, optimista y sacramental.
Renovamos
para abrazar y asumir con cariño, conciencia y dignidad los altos ideales y
tareas eclesiatés oratorianos y de vida.
Renovamos en nuestra profesión de vida oratoriana como auténticos y legítimos
"expertos en humanidad" en el diálogo con el hombre y la cultura
contemporánea.
2.
NUESTRA TRIPLE TAREA DE NO ESTANCARNOS
Nuestro
desarrollo, estima y cuidado espiritual, intelectual y pastoral no debe
estancarse. Nuestros jóvenes han de ser capaces de alcanzar estrellas, nuestros
adultos jóvenes y mayores nos hemos de disponer para tener nuevos sueños.
No
es menester impacientarnos, intolerarnos porque entre nosotros no todo es
perfecto. Nuestras mañas personales, históricas e institucionales las hemos de
educar y sujetar hasta aniquilarlas por la simple razón de que no nos permiten
renovarnos.
Nuestra
Iglesia, nuestro oratorio y congregación son motivos y estímulos suficientes
para continuar nuestro camino renovador. Recordándonos todos que "hermano,
no vayas tan aprisa porque no te puedo alcanzar, pero no te pares, porque no
puedo dejar de caminar" ó "el
camino lo hacemos todos y todos
juntos lo hemos de andar".
Amanece
el sol, con él una nueva primavera para el oratorio, creyeron los
insensatos en su corazón que ya habíamos llegado al otoño patológico y patógeno,
a la enfermedad que nos postraba en un lecho de muerte.
3.
EL NOMBRE: SOCIEDAD DE VIDA APOSTÓLICA.
El
Vaticano II y el C.I.C. (577) distingue como tres grados y nombres:
 | Vida
Consagrada Religiosa (angélica, monástica, eremítica, cenobítica, etc.)
. |
 | Vida
Consagrada Secular |
 | Vida
Consagrada en una Sociedad de Vida Apostólica |
El
Sínodo de 1995 Vita Consecrata acuna
en un solo nombre “La Vida Consagrada”. El P. Bouyer coloca una disyuntiva:
el oratorio es un gran nombre o un
pasado. Sin tener que eliminar lo uno o lo otro, nosotros vemos el oratorio como
un pasado constituido por la rica herencia y tradición de Sociedad Apostólica
que se repite en la historia, pero no en sentido rutinario e inconsciente como
mera cotidianeidad de un ejercicio pastoral sacramentario, no somos ni minis o
mega-super sacramental, buscamos denodadamente y comunitaria y fraternalmente
Actualizar, Reanimar y Hacer Vida.
La
herencia y tradición espiritual y cultural de los que nos han precedido para
proyectar con sentido de futuro a nuevas generaciones que avizoren un porvenir
comunitario y fraterno más optimista que el que ahora vivimos nosotros. Pero el
oratorio es también un gran nombre, una
gran tarea, que apela a nuestra conciencia, responsabilidad y dignidad.
Conciencia
Histórica, que nos ubique
en el punto preciso y exacto: de donde venimos, donde estamos y adonde vamos.
Conciencia
Estética, que nos haga
competentes para volver a gustar la vida en estilo y modo oratoriano: alegre,
honesta y humilde.
Conciencia
Sacramental, que nos lleva a
considerar el seguimiento e imitación de Cristo en entrega y donación a
la congregación, al oratorio y a la Iglesia, en un rescate paulatino de
todo nuestro ser para Dios.
4.
LA PREHISTORIA DE LA FIGURA DE LA "SOCIETAS APOSTÓLICA"
4.1 Ambiente no Cristiano -El
Derecho Romano (Margadant, s. Guillermo, F. El Derecho Romano, Ed. Esfinge,
México, 2002, pp 116-123)
La
"Societas" como tal era entendida como una persona
social, con el derecho y obligación de exigir para sí y para otros:
estima, cuidado y desarrollo. Tal persona colectiva posee unas características
propias:
a)
Corporación de miembros
asociados voluntariamente
b)
Fundación con afectación
de patrimonios a un fin determinado
A
la Societas también se le asignaban
unos rasgos comunes:
 | No
absorbe a la persona
individual |
 | Su
patrimonio es distinto
al de sus miembros |
 | Los
actos de los miembros no afectan a
la persona colectiva, salvo los casos que prescriba la ley. |
Estas
"Societas" o personas colectivas surgieron en período imperial y
recibieron un gran impulso con la cristianización del mundo antiguo. La
"Societas" surgió pues, como un contrato consensual e “tintuitu
personae" por voluntad y libertad propias. Las personas ponen en común
determinados objetos o sus energías para dedicarse a determinadas
actividades, no necesariamente económicas, y repartirse los resultados. Se
trata de un contrato bi-multilateral perfecto: de buena
fe y en una atmósfera
de fraternidad.
4.2
El Ideal de la Primitiva Comunidad de Jerusalén
Llega
a erigirse como una verdad de peregrino el hecho de que toda forma de vida
consagrada, desde los monasterios hasta las sociedades de vida apostólica, se
inspiran directa o indirectamente en el ideal de la vida de la primitiva
comunidad de Jerusalén descrio en los Hechos de los Apóstoles (2,42)
Por
su origen, desarrollo y caracterización, la comunidad de Jerusalén se ve como
un antiguo y nuevo paradigma de la vida consagrada en forma tal que se vería
sospechoso un grupo que no acuda a este marco de referencia.
La
comunidad de Jerusalén hunde su origen en el círculo de los discípulos de Jesús
con quien surgía un trato cerradamente fraterno entre el magisterio y
discipulado, el seguimiento e imitación ante el ejemplo y testimonio del
maestro.
En
el período postpascual se ubica la comunidad de Jerusalén descrita con un
perfil y una serie de acciones fraternas y comunes:
a)
Didajé:
se reunían para
transmitir la enseñanza nuclear y esencial del Señor: Hace la voluntad del
Padre Implanta el Reino amando y sirviendo.
b)
Proseuje:
realizar la oración
como diálogo personal y comunitario con Dios. Junto con la oración hacen ayuno
y limosna porque es el programa que el mismo Señor indicó (Mt 6, 1-18).
c)
Diaconia:
una de las enseñanzas maestras de Jesús: el servicio que ha de caracterizar a
todo miembro de la comunidad.
d)
Eucaristía:
la acción de gracias,
el momento sacramental, el tiempo y espacio para la recuperación de la
conciencia total de vocación y misión apostólica. El discernimiento de
fraternidad en el que cada miembro de la comunidad es el amigo que Dios elige
como regalo para darse y entregarse "usare
mortem". La Eucaristía como momento crítico y de juicio sobre las
conciencias para calibrar la calidad humana de cada miembro.
e)
Coine:
Somos
constructores de Comunidad y de Iglesia en el sentir, pensar, hablar y hacer.
Ser con, para y por los demás.
Emilio
Barcelon, M. (Los Institutos Religiosos en
el nuevo código Eclesial, Ed. Paulinas, B.A., 1993, p. 31) establece la
tipología de la sociedad de vida apostólica con un doble criterio: Eclesiológico
y Jurídico, y también el Sínodo de los Obispos anota que la sociedad de vida
apostólica merece especial atención ... la sociedad busca un estilo
propio, un específico fin
apostólico o misionero. Se debe salvaguardar y promover la peculiaridad de esta
forma de vida (VC 11).
4.3
La Experiencia y Proyecto del fundador y la herencia que se gestó en la
Historia.
La
sociedad de vida apostólica rebasa y se coloca más allá de ser una corporación
de solterones que se toleran, se aguantan y dejan pasar el tiempo para ser una
corporación de un perfil de alto sentido moral y espiritual que los hace
competentes de ser hermanos llevando una vida fraterna en comunidad aspirando a
la perfección de la caridad (cfr. Decreto del 21 de nov. 1989 y C.I.C. 731).
Tan era y es así, que el mismo P. Felipe afirma que el autor de la congregación
no es otro que Dios mismo. Dios la confirma por su inspiración y asistencia.
(Proemio de las Const). Cada miembro y, en especial, el que se pone como
confirmador, confirmante y confirmado; el inspirador, inspirante e inspirado; el
asistente y asistido es el Prepósito en la comunidad.
En
la mente de San Felipe cabe pensar que el oratorio, la congregación y cada
miembro es y son un excelente mediador entre Dios y los hombres, y también
entre el llamado ordo clericorum y ordo
laicorum. Tal vez por esta razón mediadora el Sócrates romano eligió el
camino arduo y complejo de la secularidad y laicidad.
En
el corazón y la mente de San Felipe se aglutinaron la pasión por la antigüedad,
la renovación del arte y la poesía (cfr. Bouyer p.13) todo se volvió a
vivir el oratorio, el amor divino, la vida de los padres del desierto, la
experiencia en San Jerónimo de la caridad (exconvento de franciscanos), amigo y
discípulo de los dominicos, de los agustinos, trato y admiración con los
monjes benedictinos de San Pablo Extramuros y de los trapenses de Tre Fontane.
Todo lo aglutinó, lo más granado de la vida social y la cristiana, lo anidó
en la mente y corazón que todavía debe arder e iluminar en sus hijos.
El
mundo, el siglo, porque no es contrario ni a Dios ni al hombre, porque el mundo
que había sido anatematizado y satanizado era necesario rescatarlo para Dios y
para el hombre, tenía que ser el mundo otra vez bueno, sujeto a la salvación,
hasta que Cristo lo renueve y lo recapitule para ofrecerlo al Padre, y el camino
de la laicidad porque el laico y lo laico es todo lo que pertenece al pueblo. Si
el pecado introduce desorden, muerte, aniquilamiento, también era necesario
volver a ordenar a los hijos de Dios para que por el camino de la laicidad
volvieran a ser pueblo y dejaran de ser chusma, caterva, masa informe y dañada.
El oratorio, la congregación, en cada uno de sus miembros es una caricia terapéutica
para ir al rescate de cada hijo de Dios que se siente o está abrumado y ahogándose
en los mares y océanos de la confusión y el sinsentido.
Los
invito hermanos a hacer del oratorio y la congregación una sociedad viva, de
personalidad vigorosa, puesta al día ya la vanguardia en nuestra inmensa,
pluriforme y derrotada gran sociedad mexicana, haciendo y formando de cada uno
de nosotros un epicentro de alegría, humildad y sanidad.
*
* *
Dios
lo quiera. Amén.
29
de Septiembre, en la fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.
y
porque solos no hay camino se hace al andar.... y todos juntos lo hemos de
andar:...
PERFIL,
ESTILO Y
FORMA
DEL
SER Y QUEHACER DE NUESTRA SOCIETAS
- Persona
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