En Construcción

Oratorio de Sn. Felipe Neri

En Construcción

Sociedades de vida apostólica

 

LA CONGREGACIÓN DEL ORATORIO DE SAN FELIPE NERI:
 una Sociedad de Vida Apostólica muy poco común.

ALGUNAS REFLEXIONES DE HISTORIA
Y PRECISIONES CANÓNICAS

Pbro. Raúl Herrera  C. O.
Guanajuato. Gto.

IMPRÍMASE: Pbro. Ramón Martínez C. O
Prepósito

 

0.- Preámbulo

                En general, la existencia des Sociedades de vida Apostólica[1] no es nueva; lo que es nuevo es su aparición en el actual Código de Derecho Canónico[2]. El nombre dado en el antiguo código de 1917 es “Sociedades de vida común sin votos” puestas como apéndice a lo que se dice a la letra “sociedades que imitan el género de vida de los religiosos, ni siendo completamente religiosos ni no siéndolo”.

                Ya el canon No. 731 del actual código, desde el comienzo dice otra cosa: “los miembros de Sociedades de Vida apostólica, sin votos religiosos, persiguen el fin apostólico de su sociedad y llevan una vida fraterna en común, tienden a la perfección de la caridad según su estilo de vida, por la observancia de constituciones”. He aquí, pues, los elementos constitutivos de la vocación de estos hombres y mujeres de las SVA: 1) la finalidad apostólica de la SVA, que debe haber sido fundada para el apostolado y todo en ella debe estar ordenado en función de este apostolado. 2) La vida fraterna en común, según el derecho propio de la sociedad. 3) la búsqueda de la santidad mediante la observancia de Constituciones.

Para llegar a esto no fue simple cosa de azar. Desde 1970 se había formado en Roma un grupo romano de Sociedades de Vida Común, que reunía los superiores generales de estas sociedades, en las que los Eudistas y los Lazaristas tuvieron una notable participación al lado de Mgr. Castillo Lara, presidente del Consejo Pontifical para la Interpretación de los textos legislativos[3]. En verdad, a partir de este momento los trabajos se encaminaron a ayudar no simplemente a los miembros de las SVA, sino también a los canonistas para tomar mejor consciencia de lo que son positivamente estas Sociedades[4].

 

I.- La fundamentación histórico-canónica

1.1.               Un historia demasiado reciente.

Seis cánones nuevos. ¿De dónde salieron? Un recorrido breve por la historia nos hará bien.

Es necesario hacer remontar el origen de las SVA al menos al siglo IV[5]. Por ejemplo ya Eusebio (315-371) juntaba en torno a él padres seculares en vida común sin una regla de vida. Otros lo imitaron: Agustín, Fulgencio de Ruspe, Fautino en Africa, Crodegardo de Metz, Adalberto de Bérgamo, León el Grande y Gregoria el Grande. En esta tradición habrá que contar también algunos terciarios franciscanos y dominicos que vivían en comunidad en el siglo XIII, los Begardos y los Beguinos; los hermanos y hermanas de la vida común que aparecen en Holanda hacia finales del siglo XIV, los Oblatos y Benedictinos, los Oblatos de San Carlos fundados por san Carlos Borromeo en 1578 y muchos otros. La casi totalidad de estos grupos han, o bien evolucionado en Institutos Religiosos, o bien desaparecieron.

No obstante, el origen de las SVA parece haber sido más claro del lado de las sociedades masculinas que nacieron a partir del siglo XVI en Italia y en Francia y cuya paternidad

“Incontestablemente (...) hay que hacer revenir a san Felipe Neri cuyo Oratorio fue aprobado por Gregorio XIII el 15 de Julio de 1575. Del lado femenino, fue san Vicente de Paul –sin olvidar a santa Luisa de Merillac (...) cuyo prototipo se encuentra en las Hijas de la Caridad[6]”.

Para ser justos del lado masculino hay que distinguir dos grandes corrientes. Una perteneciente a San Felipe Neri y la otra que se ha llamada Escuela francesa de Espiritualidad [7]; Los Oratorianos de Bérulle. Estas dos corrientes están muy marcadas por su carácter presbiteral; esencialmente clericales estos institutos ejercen un ministerios sea parroquial, sea de enseñanza. Ningunos de estos institutos, de la raíz que sean, no hacen votos y ambos son Sociedades de Vida Apostólica.

                A principios del siglo XVIII institutos femeninos vieron la luz, sin votos públicos y consagrados a la educación: Los Maestre Pie Filipini y los Maestre Pie Venerini. En el siglo XIX aparecieron más sociedades: Sociedades de sacerdotes de la misericordia en Lyon, Francia (1808), la Sociedad del apostolado católico en Roma (1835), las Congregaciones Misioneras de la Muy Preciosa Sangre en Italia (1815), la Sociedad de sacerdotes Misioneros de san Pablo Apóstol en USA (1859). Después de mediados del siglo XIX hasta nuestros días otras han aparecido. Habrá que reconocer que el lado femenino no ha conocido el mismo éxito  terminando, con frecuencia, en Institutos de Vida Consagrada.

I.2. La fundamentación canónica. Un breve antecedente.

                Para referirnos a lo que traemos entre manos hay que ser conscientes que el código de 1917 decía al respecto que “estas Sociedades de hombres y mujeres viven en común sin votos” y terminaba haciendo una distinción que a la letra decía “Sus miembros imitan el estilo de vida de los Religiosos”.

Después Provida Mater (1947) remarcó que “estando sin votos públicos no pueden pretender pertenecer al estado canónico completo de perfección”[8].

El Concilio Vaticano II dando derecho de ciudadanía a la vida “consagrada mediante la profesión de los consejos evangélicos”. Pero, mientras que la Perfectae Caritatis se interesa en la “renovación adaptada de la vida religiosa”, trata también los Institutos Seculares que, no obstante, no son religiosos (No.2).

En fin, la Lumen Gentium en el célebre capítulo 6, 44-45 no habla más de Institutos de Perfección pero si habla, no obstante, “de otros lazos sagrados asimilados a los votos”.

                Así, todo estaba casi listo para la clarificación de la situación de unos y otros:

  - Can. 573 &1 Hace una definición más teológica que jurídica de la vida Consagrada.

  - Can. 607 &1 hace, sin dejar dudas, la constitución formal de los religiosos e institutos de vida consagrada.

- Can. 710 Precisa los Institutos de vida Secular.

- Can. 731 & 1-2 Deja a plena luz las características de los Institutos llamados a partir de ahora Sociedades de Vida apostólica: 1) Fin apostólico propio. 2) Vida fraterna en común 3) La búsqueda de la perfección de la caridad mediante la observancia de las Constituciones. 4) Ausencia de votos religiosos.

A pesar de estas definiciones perfectamente claras, hay autores que aún declaran que la situación canónica de las SVA presenta interrogaciones y dudas. En efecto, las SVA que están concernidas en el parágrafo 2 presentan características no muy claras: 1) 23 SVA masculinas de derecho pontificio de 27 existentes hasta 1990 no se involucran ni con votos ni cualquier otro tipo de lazo a la práctica de los consejos evangélicos. 2) Dos importantes SVA muy numerosas asumen los consejos evangélicos aunque no los profesen públicamente. Este es el caso de la Hijas de la Caridad y de la Congregación de la Misión. ¿No es por este caso que se ha incrustado el parágrafo No. 2 en el canon?. En todo caso hará falta hacer la definición de lo que significa profesar los consejos evangélicos sin por eso pertenecer a los Institutos de vida Consagrada. La propuesta de los canonistas como BONFILS  hace referencia a la revisión de las Constituciones y de su identidad teológica en la Iglesia. La identidad canónica parece estar ya hecha, pero la teológica parece poner aún dudas[9].

II.- La Congregación del Oratorio de San Felipe Neri: Sociedades con fin apostólico, sin votos pero con Constituciones. Ensayo de una interpretación.

                Sin pretender una hermenéutica canónica de la cual me declaro incompetente, intento ahora una recuperación de algunas interpretaciones de expertos sobre el asunto, no obstante lo incompleto y superficialidad del mismo.

II.- 1. Una sociedad con una finalidad apostólica, característica fundamental.

                El primer parágrafo del canon precisa de inmediato: “sodales finem (...) apostolicuum societatis prosequuntur” haciendo así la distinción formal tan esperada de los  Institutos de Vida Consagrada. Ciertamente estos institutos hacen también un apostolado y su vida, ella misma, es un signo apostólico[10]. Sin embargo, la vida religiosa está consagrada al apostolado a través de los medios propios: la profesión de los consejos evangélicos y a ello se añade la vida fraterna en comunidad[11].

El apostolado en sí mismo no figura ni como medio ni como fin. De donde según el profesor BONFILS  “la expresión vida religiosa apostólica” no es empleada por ningún documento magisterial posterior al Concilio. De todo esto es fácil extraer la conclusión de que nosotros pertenecemos al único grupo que tiene como razón suficiente su carácter apostólico como razón fundamental. Teológicamente esto se puede expresar bajo los siguientes términos: Nosotros hemos sido llamados para un fin preciso, no tan sólo para estar juntos[12].

                Entonces pues, una sociedad consagrada al apostolado, pero ¿qué quiere decir esto de apostolado? Según el decreto conciliar para el apostolado de los laicos, el apostolado es toda la actividad de la Iglesia para extender el Reino de Cristo. Por su parte Evangeli Nuntiandii identifica evangelización y apostolado.

Entonces, de entrada el apostolado no es una praxis a poner en obra, es la misión de Cristo en la que el apóstol es invitado a participar. Es la vida misma y el testimonio de Cristo los que deben pasar a través de nosotros y como los Hijos de Dios estamos enviados a salvar lo que se había perdido.

Nuestras sociedades de Vida apostólica –ahí comprendido el Oratorio- deberían dar al mundo testimonio de este amor gratuito que nos ha precedido. Desde esta óptica habría que entender el amor de San Felipe por las obras humanas artísticas y su promoción. San Felipe no condenó el arte y el desarrollo humano de la ciencia, sino las pensó como vestigios de las obras de Dios. En palabras del cardenal Newman “las obras al servicio de Dios, sin importar el tipo que sean, aparecen como un verdadero culto a Dios”[13].

Este servicio del hombre, al mismo tiempo servicio de Dios, en razón de su inspiración divina, expresa la dimensión apostólica de la consagración bautismal que es la única e inicial consagración en sentido propio. La palabra misma sea en su expresión griega (apostoloo) o latina (mito) no indica que se es apóstol en primer lugar porque se es llamado luego después se es enviado. Cualquier otra consagración, incluso la religiosa, debe ser entendida a partir de esta.

                Miembros de SVA nosotros somos fundamentalmente discípulos de Jesús porque él nos ha llamado y no ha dado un seguimiento. Desde este punto de vista, toda concepción puramente funcional y utilitaria de nuestro apostolado queda descartada. Nuestras sociedades no son, en primer lugar, empresas de apostolado sino comunidades de discípulos contagiados de una misma pasión.

En este sentido nos son dadas constituciones que no deben ser consideradas en primer lugar como reglamentos administrativos, sino como códigos de santidad. Nosotros estamos reunidos en nuestra sociedad ante todo con el fin de un apostolado que nosotros perseguimos juntos como una llamada y exigencia. Es el caso de una suerte de conspiración comunitaria a favor de la perfección de nuestro estado de vida; todo ello se adquiere gracias al desarrollo de un apostolado. Esta es la lectura, al menos, que se puede hacer del c. 731 &1.

                De todo ello se concluye que no es necesario permanecer tímidos cuando el Derecho Canónico hablando de la necesidad de tender a la perfección de la caridad (731) por el hecho de que algunos piensen en una cierta asimilación a los institutos de vida consagrada, pues desde el Concilio se ha abandonado explícitamente la noción de estados de perfección. Diciendo esto, se dice que el carácter apostólico de nuestras sociedades es tal en la medida en que nuestro apostolado es la expresión de nuestra tendencia (tendunt ad pefectionem caritatis). 

Así pues y más allá de las etiquetas hay que, simplemente, abrir Lumen Gentium  en el capítulo 5 y darse cuenta de que la llamada universal a la santidad en la Iglesia pasa obligatoriamente por la perfección de la caridad.

II.2- Per observantiam constitutionum cum spiritualitate

                Hay aún más. No hay que olvidar que para “tender a la perfección de la caridad” además del medio del apostolado específico, el canon dice “per observantiam Constitutionum”.  A este propósito me resisto a no citar las palabras del profesor BONFILS :

“Con estos múltiples consejos, he aquí que nos vemos comprometidos con una concepción de la vida moral que no es a dos pisos: aquél de los preceptos y aquél de los consejos – y no solamente los tres tradicionales- son para todos, aunque diferentemente vividos por cada uno según su estado de vida; ellos forman parte de la vida cristiana”[14].

* Tenemos ahora enfrente la espinosa cuestión que para muchos de entre nosotros hace la verdadera diferencia de nuestra situación y la de los Institutos de vida Consagrada: la profesión pública de los consejos evangélicos[15]

Sin decir nada de los otros consejos evangélicos sin profesión pública existentes en nuestra Iglesia y su historia es completamente necesario una concepción moral y espiritual de la vida religiosa que no sea ya a dos pisos (el de los consejos y el de los preceptos) y que declare de una buena vez que estos consejos son para todos, aunque vividos por cada quien según su estado de vida. 

Y cuando se trata de los miembros de una SVA clerical es suficiente precisar que la vida apostólica  está en conveniencia particular con aquellos llamados a entrar a un estado que reconoce el carisma del celibato. Cuando nosotros nos distinguimos de otros o sostenemos que hay algo en nosotros que otros no tienen puede ser que se trate de la fuga absoluta de cualquier estructura : todo lo propio de los institutos nuestros al ejemplo de los seculares es que debemos SANTIFICAR EL MUNDO CON NUESTRO APOSTOLADO  (can, 740) 

En fin, el Reino que se nos ha encargado anunciar debería inscribirse primeramente en nuestras vidas y eso nos da el llamamiento. Es esta para nosotros una exigencia de santidad. Oh, este Reino no es de este mundo aunque se construya a partir de este mundo. Este Reino viene de lo alto y sobrepasa toda imaginación o concepción nuestra.

·         En verdad este tema enclava también con aquél de la espiritualidad y todo lo que ha sido etiquetado con este pseudónimo. Claro para algunas SVA hablar de esto no es fácil pues el fundador mismo no es en sentido estricto un maestro de espiritualidad y la tradición no tiene referencias precisas a sus escritos, pedagogía, etc, Además, hablar de espiritualidad es hablara de una experiencia de vida con Dios en Cristo por moción del Espíritu Santo; y esto no es una cosa banal y las condiciones de recepción no son siempre las mismas. 

·         Por lo demás el apostolado no hace siempre afrontar nuevas situaciones pues los tiempos actuales son propicios a un desencadenamiento de extremos que se traduce sea por una especie de pietismo fundamentalista o bien por un secularismo más o menos confesado. Cockteles de espiritualidades de todos tipos que evita el progreso espiritual[16]

Por ambas razones parece ser necesario que estar claros que una pedagogía espiritual debe necesariamente estar dentro de los cuadros de nuestros studiumm e institutiones.

Se remarcará enseguida el enorme trabajo para los superiores y equipos de estudio de las SVA. Espiritualidades del tipo Santa Teresa de Avila, San Agustín, San Benito, tienen ya un lugar en la Iglesia y poseen un patrimonio universal y muchos cristianos de ahí se inspiran. Felizmente para nosotros los Oratorianos Felipenses existen ya trabajos a este respecto: Directorios de espiritualidad, Constituciones, Itinerarios, etc. ESTO ES MUY IMPORTANTE PUES NUESTRAS CONSTITUCIONES SIN ELLO SE TRANSFORMAN EN REGLAMENTOS SIN ALMA, SIN ESPIRITUALIDAD FELIPENSE QUE SOSTENGA LAS REGLAS Y NO SEAN CUERPOS INERTES. 

II.3. Sin votos pero con Constituciones. 

                Muchos de nosotros como Felipenses, aunque no seamos los únicos, hemos puesto un fuerte acento en el hecho de no tener votos, y eso la consideramos la distinción oficial e importante, tanto del clero secular como de los Institutos de vida consagrada. Aunque esta no sea la única diferencia es conveniente detenerse en ello y favorecer una compresión del porqué los fundadores de varias SVA no han tenido a bien implantar los votos. 

El Concilio de Letrán (1215) y el de Lyon (1274) habían prohibido la fundación de nuevas órdenes sin la aprobación de la Santa Sede que no promulgaran las cuatro Reglas, sea la de San Benito, la de San Agustín, la de San Basilio y después la de San Francisco. Habría que esperar hasta 1566-1571 cuando el Papa San Pío V promulga las Constituciones respecto a las comunidades que “imitan” la vida religiosa sin votos solemnes[17].

Ya Santo Tomás mismo funda y explica el contenido de los tres votos tradicionales hablando del único voto: votum professionis[18]; el voto de obediencia contiene todos los otros. Todo esto explica la práctica de muchos obispos de aprobar congregaciones de votos simples sin carácter de solemnidad. Tal es el caso de la Hijas de Santa Angela de Merici por san Carlos Borromeo en 1576. He aquí el real antecedente de las SVA[19].

                Como ya lo sabemos, hasta que fue constituida la comunidad de San Juan de los Florentinos en Roma en 1565 por san Felipe Neri fueron dadas a los Oratorianos las primeras Reglas de vida común y no fueron sino descripciones muy simples respecto al servicio de la Iglesia y del refectorio[20]. Ahí se recomendaba también no hacer (“barba”) homenajes a los cardenales y prelados. ¿Cuáles eran las razones?  Es muy difícil saberlo como también es muy difícil reparar las razones profundas del asunto: la intenciones profundas de una persona quien quiera que sea, y más aún de alguien que vivió hace más de 4 siglos, mucho más difícil. Podemos ofrecer tan sólo algunas aproximaciones. 

a)        Felipe Neri como muchos otros lo han hecho, tenía un gran devoción por los votos y sumo respeto en tanto que medios de perfección al servicio de otra cosa: el apostolado. En efecto, una de las diferencias fundamentales entre los Institutos de Vida Consagrada y las SVA es que los votos se encuentran en diferente lugar. Oh, desde que en la vida de los miembros de una comunidad los votos llegan a ser un medio al servicio de otra cosa – el apostolado en nuestro caso – estamos en presencia de una SVA. Los fundadores de las SVA no pensaron impedir los votos o hacerse la vida cristiana más fácil, sino que han pensado ante todo en el apostolado y la renuncia la han pensado en función de cumplir éste.[21]

b)       Los fundadores de las SVA han también visto la conveniencia de tener un justo equilibrio entre la libertad y los votos. Ellos dan una primordial importancia al amor sobre la obligación canónica, a la virtud sobre los votos. Los votos no, las virtudes si. 

c)        De todos modos hacen falta Reglas en una sociedad, de donde la importancia sino de los votos si de la obligatoriedad del cumplimiento de las constituciones[22].  Con una sana comprensión de esto se impedirán polémicas estériles sobre el clero secular, religioso y SVA. Más aún estas polémicas no han impedido la profundización teológica y eclesiológica suscitada por el Concilio. Por ello fuera de toda trivialización y discusión estéril muchos obispos han encontrado generalmente importante y saludable la fundación de SVA: pues tienen una sensibilidad especial a las realidades de la Iglesia local, muy necesaria para el apostolado. 

d)       Los fundadores de las SVA han hecho una relativización del estado de vida de los religiosos. Durante el siglo XVI-XVII los conventos masculinos y femeninos estaban desacreditados. La mediocridad moral e intelectual habían terminado por hacer presencia en todos lados. En estas condiciones, era muy difícil considerar los votos como la mejor opción. Todas estas contingencias pudieron influir sobre la actitud de los fundadores de donde propusieron alternativas. Como maravillosamente lo expresa el profesor BONFILS :

“Enseguida, y esto es muy importante ellos –los fundadores- tenían una muy alta idea de los sacramentos del bautismo y la del Orden, así como de la santidad que ellos exigían. De ahí que con frecuencia la constatación y la inconsciente preocupación de no hacer votos, sea un elemento constitutivo de una clase privilegiada y por ello de minimizar su importancia (...) en relación a la simple vida bautismal (...) Los textos de Bérulle, Olier y San Juan de Eudes son particularmente elocuentes en este punto. Sobre la misma base sacramental, san Felipe Neri y sus primeros compañeros manifestaron una preocupación por el equilibrio espiritual.[23]

[1] A partir de ahora SVA y todas las citas del Canon son tomadas de Codex Iuris Canonici Ioannis Pauli P.P. II Promulgatus Latein-Deutsche. Editrice Vaticana, Verlag Butzon&Becker Kevelaer, 1983

[2] Las siguientes reflexiones son tomadas en lo substancial  de BONFILS Jean  Les societés de vie apostolique. Identité et législation.  Ed. Du Cerf. Paris, 1990.

Para esto hay que darse de entrada que hablando de SVA no hacemos referencia tan sólo a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri. Algunas de las 135 que aparecen contabilizadas en la Santa Sede hasta 1990: “El Oratorio de Jesús y de María Imaculada” (1611), “Congregación de la Misión” o Lazaristas (1625), “Congregación de los Padres de San Sulspicio” (1642), “Sociedad para las Misiones extranjeras en París” (1660). “Instituto Español de san Francisco Javier para las Misiones extranjeras” (1899), “Instituto de santa María de Guadalupe para las Misiones extranjeras” (México, 1949), “Hermanas de la Caridad social” o sociedad de Hijas de san Francisco de Sales”, “Hijas de la Caridad de san Vicente de Paul”, “Congregación expiatoria de Cristo Rey” (1929), “Sociedad Misionera de los santos Apóstoles” (1962), “Piadosas sociedades de hermanos de la Caridad de la Santa Cruz” (1784), “Pequeños hermanos del Buen Pastor” (1951), “Amantes de la Cruz de Cai-Nhum” (1843).  Para ampliar este panorama puede verse el apéndice No. 1 del libro antes citado de BONFILS Jean. 

[3] Cfr. BONFILS Jean  Les societés de vie apostolique...  pp. 9-11

[4] En verdad era sumamente necesario este trabajo de estudio pues el mismo término utilizado no deja de tener sus problemas. Baste como ejemplo la elección de la terminología alemana al intentar traducir el término latino Societas. Gesellshaften de la palabra Gessellen = juntarse y schaft, cualidad de aquellos que. De donde “es la cualidad de aquellos que se juntan”. La traducción alemana ha preferido esta expresión a utilizar Gemeinschaft porque éste dice ante todo un grupo de personas que se juntan sin ley alguna. Por lo cual se ha evitado también Gesellichkeit et Societät. Esto explica claramente que nuestras lenguas no expresan muy bien la concepción latina. Ellos, además, explica la diversidad de términos: Compañía de... Sociedad de Don Bosco, Sociedad del Verbo Divino, y otras.   

[5] Cfr. STANTON W.A.  De societatibus sive virorum sive mulierum in communi viventum sine votis. Halifax, 1936.  175 pp. 

[6] BOFILS Jean Les societés de vie Apostolique ... p.18. Puede verse también la Introducción del Texto de las Constituciones de la Confederación del Oratorio, Ed. Guanajuato, Mex. 1996

[7] Estas Escuelas son hasta ahora Los Eudistas, los Sulspicianos, los Lazaristas, las Sociedades de Misiones extranjeras en París y, claro, el Oratorio de Jesús y María Imaculada de Francia fundado por Mons. Pierre de Bérulle. 

[8] AAS (1947) p. 117

[9] Al respecto se puede ver la misma confesión del P. BONFILS sobre este asunto en su libro Les societés de vie... p. 25.  De donde extraemos tan sólo un tuco: “cuanto a  mi, yo comparto absolutamente la opinión de la necesidad que existe aún de una reflexión eclesiológica subre el status de las SVA a partir de una teología fundamental”. Hay aquí un gran trabajo aún por hacer.

[10] C.I.C. 673-675
[11] Cfr. C.I.C.  573-607
[12] Con ello estamos fuera de una idea romántica de comunidad que puede orillarnos a un egoísmo comunitario pero al fin y al cabo egoísmo.

[13] De donde también una de las razones por las cuales Newman ha decidido no sólo ser católico sino además oratoriano: una gran biblioteca y el poder conjugar la tarea pastoral y la vida intelectual. Puede verse para ello el magnífico estudio de BEAUMONT Keith  Newman y el Oratorio  en Etudes Newmaniennes, Novembre, 2002 pp. 7-66

[14] Ibid. p. 36

[15] No puede alegarse que entre nosotros existe más bien una autocomprensión negativa  y no positiva.

[16] Cfr. Ibid. pp. 38-39
[17] Cfr. LEMOINE R.  Le Droit de religiuex, du Concile de Trente aux Institus séculier. Desclée de Brouwer, 1956, pp. 2-41
[18] AQUINO S.T. S.Th. II-II q.186 a.9
[19] BONFILS Jean  Les Societés de vie apostolique ... p. 53

[20] Puede verse la Introducción a las Constituciones de la Confederación del oratorio de san Felipe Neri. Ed. Guanajuato, Mex. 1996.

[21] Muchos teólogos han remarcado esto : TILLARD J.M.R. Devant de Dieu et pour le monde. Cerf, Paris, 1977  pp. 350-396

[22] Han existido siempre en la Iglesia Institutos que dan testimonio de santidad que un cristiano puede  aportar en virtud de su mero bautismo y confirmación; signos vivientes que ilustran la enseñanza del concilio Vaticano cfr. Cfr. Lumen Gentium (la llamada universal a la salvación).

[23] BONFILS Jean Les societés ...  p. 55